DÍAZ RODRIGUEZ, WILSON
Crear una estética de la enfermedad también sugiere crear una estética contra la vida. El poeta griego Teognis (570 - 485 a.C.) consideraba a la mayor enfermedad del hombre a la propia vida, la vida como nuestra esperanza y como nuestro mal: u201cDe todas las cosas, no nacer, / para los hombres, la óptimau2026/ O, habiendo nacido, / cuanto antes probar/ las puertas del Hades/ y reposar tendido/ con mucha tierra encimau201d. El misterio de la llaga que es parte intrínseca de la vida. Con Leprosario, Wilson Díaz elabora una estética contra la vida, los poemas van enumerando los males que desgastan el cuerpo, el espíritu del ser humano que queda reducido a una cáscara rancia y repulsiva:rnAllí en el zarzo cuelga mi podredurarnatada a una pata de conejo.rnRasgo el muñón con el ciego pestañeo de la muleta aislada, rn [hambrienta de amorrnpor mis huesos que se seducen entre ellos, sin observarrn [las huellas en el crepúsculo.rnCamino a pedazos sin pasos, hasta la parrilla y saboreo rn [el más tierno mendrugo de mi cuerpornsiempre con la mueca de la espera.rnDíaz desgrana, descascara la corteza pobrísima de nuestros cuerpos, de nuestra mente y alma, de manera simbólica apunta al leproso bíblico: Lázaro, y los leprosos anónimos, los lazaretos. La lepra es el gran símbolo de la enfermedad humana, de la enfermedad como castigo divino o como condena ya pactada por las altas potestades o la creación misma que se autodestruye conociéndose a sí misma imperfecta, horrenda. En un vertiginoso viaje poético, Wilson Díaz describe puntualmente a ese ser endeble y marcado desde su creación. Como nos lo diría el propio Moisés en las escrituras: u201cGeneración de víboras: u00bfCómo queréis ser buenos si vuestro corazón está podrido?u201d. Las enfermedades, las deformidades, las penas de la mente, la angustia, la culpa, la brujería, las curas imposibles se suceden en estos poemas, que resultan necesariamente incómodos, violentos en su lenguaje, ingobernables en su actitud nada condescendiente. Poemas malditos por su afán de maldecir nuestra pobreza de cuerpo y de espíritu. Poemas malditos como nuestros ser ya marcado. rnAsí despojados y con la erección de diez o doce espantosrnrogandorncopular la tenebrosidad o el miedo que se vierte entre el claustro de la locurarnno lo vamos a conseguir.rnNi basta con reunir el aliento ruinoso, encostradorncomo fondos.rnLos monederos se encuentran atracados de llevar nuestros ojos reventados.rnYa no es atractivo llamar a la oficina de u201cÓrganos Caídos.u201drnO cruzar el martiriorncon la ofensa que brota entre los cantos quejumbrosos.rnYa no hace falta teñir o lavar las culpas,rnestucar de soledad la pesadumbre desgajada del anuario.rnCoronar otro espanto aún con letra extraña.rnNo hace falta nombrar un rey para que ahuyenternla profecía inaplazable de la muerte.rnLos libros sobre la enfermedad suelen ser los más honestos, los más arteros y reveladores, porque ahí la vida se mira sin cualidades exageradas, sin romanticismos, sin búsquedas de trascendencia, se desnuda el sentido de que el ser humano nació enfermo, dañado, la metáfora terrible de la vida es la enfermedad como maldición y todo esto nos lo señala Wilson Díaz en este libro desolador y verdadero. Leprosario de manera contundente representa, como pocos libros de poemas, a la enfermedad como la más pura belleza de nuestro ser.
Iván Cruz OsoriornCiudad de México, mayo 2019