KATYA BALEN
En la isla de Ayrie todo el mundo se conoce. Conocen las historias de los demás como conocen cada camino, cada colina y el ritmo de las mareas. Cuidan a los frailecillos durante el verano, y saben de los lugares más mágicos y secretos. Todo es familiar, casi nada cambia y, para Tilda, nada debería hacerlo: es hermoso, es perfecto y es su hogar.
Cuando Albie, el chico nuevo, llega a la isla, Tilda está deseando presumir de cada uno de sus rincones; él, por el contrario, solo quiere que lo deje en paz. Muy pronto ella comprende que hará falta algo más que una visita guiada y unas cuantas focas para conquistarlo. Entonces recuerda las historias sobre la vieja isla que está a solo una hora en piragua de la costa.
Eso sí, la vieja isla es una trampa mortal. El viaje hasta ella es traicionero. Las excursiones están terminantemente prohibidas. Y corre el rumor de que la habitan los fantasmas de quienes fueron abandonados allí. Pero, cuando todo lo demás ha fallado, aventurarse en ella parece la única manera de lograr que Albie vea en Ayrie lo mismo que ve ella
Entre tormentas, secretos familiares y paisajes salvajes, Tilda tendrá que aceptar que algunas cosas cambian, aunque no quieras, y que los lazos que nos unen esas «líneas fantasma» que atraviesan el mar y el corazón pueden doler y sanar al mismo tiempo.