Teatro / TEATRO OFICINA CENTRAL DE LOS SUEÑOS 25 AÑOS, HACIA UN TEATRO POÉTICO, TRÍPTICO VAN GOGH, FIN DE VIAJE, ETERNIDAD

TEATRO OFICINA CENTRAL DE LOS SUEÑOS 25 AÑOS, HACIA UN TEATRO POÉTICO, TRÍPTICO VAN GOGH, FIN DE VIAJE, ETERNIDAD

TEATRO OFICINA CENTRAL DE LOS SUEÑOS 25 AÑOS, HACIA UN TEATRO POÉTICO, TRÍPTICO VAN GOGH, FIN DE VIAJE, ETERNIDAD

JURADO GIRALDO, JAIVER

$ 30.000
IVA incluido
Editorial:
LA COLQUIDE
Año de edición:
2023
Materia
Teatro
ISBN:
978-628-95850-0-1

Disponibilidad:

  • Sede TeusaquilloUltimo titulo
  • Sede TabioNo disponible
  • Sede MacarenaUltimo titulo
$ 30.000
IVA incluido
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La confección de una dramaturgia es un camino amplio y complejo, ya que no se trata simplemente de una vocación; de querer instalar un lenguaje o unas formas del hacer escénico. Esta surge también como una necesidad expresiva, desde la identidad y el interés por construir un repertorio propio: otra voz.
Publicar dramaturgia no es ser dramaturgo, pues una de las grandes responsabilidades de quien ejerce este oficio es probarla en el escenario. Allí, en la concavidad escénica, se revela u2014como una fotografíau2014 el teatro que hay en ella y se abre la puerta, además, para que sea modificada por los actores y actrices, sin que por ello se diluya el papel del demiurgo.
Con veinticinco años cumplidos, en el Teatro Oficina Central de los Sueños seguimos transitando dicha ruta. Hemos quemado varias etapas: las obras no han surgido de facto, por genialidad o de una manera académica. Son, más bien, producto de una realidad personal y del colectivo con el que trabajo; una postura que se nutre de lo que vamos recogiendo en el tiempo, gracias a esa dialéctica de ensayo y error.
Empezamos montando autores universales: Samuel Beckett, Sylvia Plath, Franz Kafka, Arthur Rimbaud, Felisberto Hernández. De algunos de ellos adaptamos textos y configuramos una experiencia cercana a la dramaturgia. En Amérika (2004), basada en la novela de Kafka El Desaparecido (América), partimos de los acontecimientos principales que le suceden al protagonista Karl Rossman, un joven inmigrante, para construir los personajes y las atmósferas en una estructura minimalista y contemporánea desde lo musicalu2013sonoro y lo escenográfico.
En Una temporada en el infierno (2000), de Rimbaud, los nueve poemas que conforman el montaje son tratados como una tragedia griega en la que el coro es la voz del poeta, y los personajes emergen de una profunda investigación de la vida del autor y de su obra.
Posteriormente, hacemos una transición hacia un estilo más popular, festivo y familiar. De allí surgen obras como El duende del circo (2002), Sueño en la luna (2011), El animero (2019); y algunas producciones navideñas como Cartas de Navidad (2008), Pinocho en Navidad (2014), y la saga Aventuras en el pesebre (2017-2022). Es en esta etapa donde el lenguaje se libera, permitiendo que la imaginación discurra entre lo anecdótico y lo mitológico, sin perder un elemento que hemos cosechado desde el principio u2014casi de manera inconscienteu2014 y que, al cabo de los años, los mismos espectadores han descubierto: el carácter poético de nuestras obras.
Este estilo, entonces, se ha convertido en parte importante de nuestro trasegar y nos ha permitido llevar nuestro teatro más allá de la sala convencional, hacia públicos amplios y cochambrosos, como diría el poeta. Es, además, el terreno que abonó una nueva etapa que continúa hasta hoy, con el montaje de piezas más elaboradas, resultado de una decisión que tomamos como grupo: construir nuestra propia dramaturgia. En esto venimos trabajando alrededor de dieciocho años.
Dentro de las obras que nos han permitido desarrollar formas de escritura particulares u2014que no métodosu2014 y experiencias en las que el público ha aportado significativamente, destaco: Tríptico Van Gogh (2007, Beca de Creación Alcaldía de Medellín), Eternidad o la larga vida de los sastres (2010, Beca de Creación en Dramaturgia Alcaldía de Medellín), y Fin de viaje (2011).
Dichas piezas, las cuales encontrarán en este libro conmemorativo, nos han llevado a explorar leyes de la dramaturgia que desconocíamos o no habíamos investigado, ya que gran parte de este camino se ha hecho por los senderos de la intuición y el asombro, desconfiando de la genialidad y de los predicadores en boga.
No ha sido fácil recorrerlo, pues, sumadas a las tareas que tienen los actores y actrices en la construcción de sus personajes y el desentrañamiento de los textos propuestos, están las innumerables pruebas de escenario que deben llevar a cabo para confirmar si, en efecto, vamos en la dirección correcta. En estas pesquisas está involucrado el trasunto de la escena: vestuario, luces, recitado, música, actuación. Elementos que, poco a poco, van develando el tejido final que compartimos con nuestros espectadores.
Para terminar, debo decir que muchas obras y experiencias a las cuales dedicamos meses enteros de trabajo, y otras que incluso vieron la luz y fueron presentadas al público, murieron en el escenario. La creación dramatúrgica no solo está circundada por esa necesidad expresiva, sino también por grandes ideales, que muchas veces son solo eso: grandes ideales, pero no teatro. Esa es la cuestión. rn